Ensayos

En esta sección encontrará ensayos y opiniones relacionados con la Lúdica, el Juego, el Desarrollo Humano, el Neuromarketing  y la Neuropedagogía, como tambien otras temáticas sobre la complejidad humana.

La  Educación Emocional

 Pasiones, emociones y sentimientos.

Investigar las emociones y los sentimientos son los  horizontes conceptuales que deben orientar las instituciones educativas del siglo XXI. Sin el estudio de las emociones sociales difícilmente podremos comprender y solucionar todos los conflictos y comportamientos violentos que atraviesan la escuela, la familia y el estado.

Los conocimientos actuales sobre las emociones por parte de la Neurociencia son muy amplios, pero las estrategias comunicativas sobre dichos resultados se han complicado debido a la dificultad que tienen los docentes de acceder a dichos conceptos desde el conocimiento científico para poderlos aplicar a nivel escolar. Sin embargo, este es el nuevo reto que debe asumir la educación y en especial las políticas del Estado para que se incluya a nivel curricular desde preescolar el estudio y la aplicación de la Educación emocional.  Es preciso argumentar que el comportamiento violento de los estudiantes y de sus actitudes con respecto al estudio, son una preocupación constante por parte de los educadores, pero sin el estudio de la biología de las emociones  no se podrá hacer nada al respecto, ya que si no existe una comprensión de las emociones sociales no se podrán solucionar los conflictos inherentes a la escuela, ni muchos los comportamientos agresivos y violentos que están invadiendo la escuela actual y nuestra sociedad.

Las pasiones, las emociones y los sentimientos son los conceptos claves de la educación emocional, ya que cuando nos enfrentamos a un conflicto no podemos por ninguna circunstancia eliminar las emociones ya que hacen parte de nuestra biología, de nuestra corporalidad y de nuestra mente. Las emociones en este sentido son el resultado de una serie de procesos químicos que consisten en la liberación de moléculas de la emoción, que no son más que péptidos, hormonas, o neurotransmisores que invaden al sistema límbico o al cuerpo humano dependiendo de la emoción que invada al cuerpo.

La felicidad, la vergüenza, el odio, el miedo, la sorpresa, la envidia, son emociones que surgen como producto de la genética y otras emociones sociales que son consecuencia de las interacciones que tienen los sujetos con el contexto socio – cultural en que se vive. Desde el punto de vista de la neuropedagogía se hace necesario comprender cuál es la diferencia entre una emoción y un sentimiento. Al respecto es necesario argumentar que cuando se experimenta una emoción se produce un proceso que inicialmente requiere de un estímulo externo que se transmite al tálamo, que es la región cerebral donde se reúnen los diferentes estímulos multisensoriales para producir un esquema mental o una red neuronal, que se encargará de producir un sistema de señales que inicialmente se dirige a la amígdala, sirviéndonos de sistema de alarma para atacar o huir a través del desprendimiento de sustancias químicas que alteran el sistema nervioso simpático o parasimpático.

Las reacciones anteriores, por lo general son de carácter inconsciente y automatizado, las cuales han servido al ser humano, para sobrevivir cuando se siente amenazado, por el contrario, cuando el estimulo pasa del tálamo al córtex frontal el ser humano tiene la capacidad de pensar, racionalizar frente al estímulo y este conjunto de reacciones corporales y químicas. Junto con el mundo del pensamiento y de la cognición es la que produce los sentimientos, como los relacionados con la solidaridad y la compasión, que son producto del desarrollo de la espiritualidad y de la conciencia humana que es lo que en términos neurofisiológicos nos distingue de los animales. Según Damasio (2009) “el objetivo de una buena educación y  de una sociedad próspera debería ser fomentar  que se cultive lo mejor de la naturaleza humana, y del mismo modo, reprimir lo peor (citado por Punset: p.197).

En la Educación emocional se hace indispensable comprender las emociones básicas que traen los educandos a la escuela como son el enojo, la tristeza, el temor, y la alegría para que se desarrollen naturalmente y no se conviertan en emociones más primitivas como la agresión, el odio y la sumisión que brotan del sistema reptílico y que de acuerdo a su grado de adicción y de reiteración acumulativa, a través de las neuronas espejo, pueden desembocar en comportamientos agresivos. Hoy en día la neurociencia ha comprobado la existencia de otras tres emociones de carácter universal como son la sorpresa, el desdén y el disgusto, que son muy diferentes a las emociones que surgen y evolucionan de acuerdo a los contextos culturales en que se levantan nuestros niños, originando una serie de emociones secundarias como la envidia, los celos, el orgullo, la culpa, etc.

En la Educación de las emociones muchos teóricos y científicos, continúan con el debate de si es la herencia genética o el entorno los causantes de muchos comportamientos indeseables a una determinada sociedad, sin embargo los nuevos aportes de la Neurociencia y en especial de la doctora Candace Pert, plantean que es la base química de las emociones, la causante de muchas de estas problemáticas. Al respecto, por muchos años se ha aceptado por parte de la ciencia el modelo eléctrico del funcionamiento de las redes neuronales del cerebro humano a través de la sinapsis; desconociendo de esta forma la presencia de un segundo sistema nervioso  a nivel químico, que evolucionó mucho antes de que existieran las neuronas y se encargaba a través de la producción de péptidos, de todo un sistema de comunicación y de producción de ligandos que interactúan con los receptores de la célula para producir cambios internos en las mismas. Lo anterior demuestra fácilmente que cualquier pensamiento produce una cascada de moléculas de emoción que invaden toda nuestra corporalidad y nos hacen actuar de acuerdo al pensamiento y a la emoción que atraviesan nuestro cuerpo y nuestra conciencia. Para Joe Dispenza (2007) “los receptores son moléculas más bien grandes, vibrantes; cada células tiene miles de receptores y las células nerviosas tiene millones de ellas que funcionan como sensores, están esperando a que lleguen los químicos adecuados p.293).

Si desde la infancia un niño vive en un contexto violento muchos de sus pensamientos no van a producir endorfinas o dopamina para que se incremente sus redes neuronales productoras de lúdica y de felicidad, sino que por el contrario, se convierte dicho proceso en una adicción emocional que necesita a nivel celular de muchos receptores que se encargan de neutralizar estas emociones negativas que solo producimos a nivel del sistema nervioso autónomo, sustancias como la adrenalina, el cortizol, que producen un desbalance homeostático generador de estrés, de depresión y de ansiedad. Recordemos que todos los recuerdos tienen asociados componentes emocionales que nos marcan durante toda nuestra existencia y que nos vuelven “adictos a las emociones”, tal como sucede con el consumo de una sustancia sicotrópica.

De esta manera, emociones como el odio y la agresión reiterativa, desarrollan miles de sitios receptores en la célula que le impiden su proceso de construcción, al sensibilizarla con enormes cantidades de péptidos que se producen, originando de esta forma que el cuerpo domine el pensamiento y la célula se atrofie. En palabras de Joe Dispenza (2007) “cuando una célula se divide para generar nuevas responderá a esta alta exigencia y alterará los receptores en la membrana celular” (p.312). Como ya se ha reiterado la tarea de los péptidos es activar el funcionamiento interno a nivel celular para producir entre muchas otros procesos: proteínas, enzimas, vitaminas, etc. De igual forma para Shakespeare “nada es bueno ni malo, sino que el pensamiento lo hace así”. También para el Existencialismo según Nietzsche la moral no es producto de la naturaleza humana sino de las convenciones sociales. De ahí que una educación emocional a diferencia de una educación  moralista propende inicialmente por la necesidad que tienen los docentes de comprender que las emociones no son buenas ni malas, que no existe un solo pensamiento que no se encuentre atravesado por una emoción. En este sentido, las sensaciones, los impulsos, las emociones, no son más que estados de ánimo impulsados por una serie de reacciones químicas, muchas veces flujos hormonales que nos hacen actuar en forma inconsciente o automática  cuando nos sentimos amenazados utilizando para ello las glándulas suprarrenales que depositarán sustancias químicas (adrenalina, cortizol, etc.), rápidamente en el torrente sanguíneo, que harán subir la presión arterial, dilatar la pupila de los ojos, invadir de sangre los músculos de las manos o de las piernas para poder  atacar al otro o para huir de una amenaza, es decir, actúa el cuerpo mas no el pensamiento.

Por el contrario, cuando el ser humano tiene la capacidad de pensar antes de actuar, es el córtex frontal el que toma el control de dicho proceso y son sustancias químicas diferentes las que produce el hipotálamo, tal como la serotonina que se encarga de generar un estado de calma y distención que permite en muchas oportunidades que nuestro enojo no se convierta en agresión. En síntesis hay sustancias químicas que aceleran nuestros procesos corporales cuando hay una situación amenazante  y hay sustancias químicas como la dopamina que nos permiten entrar a los laberintos de la creatividad humana y de la conciencia, para poder poner freno a aquellos impulsos que no nos permiten vivir en forma pacífica y armoniosa.